Gramona | Gallinas de pasto, energía en movimiento

Integrar las gallinas a la dinámica cotidiana de la viña ha sido una de las tareas que hemos llevado a cabo últimamente. Paso a paso, seguimos persiguiendo nuestro propósito de extender la cultura del respeto por la tierra, por el futuro del Penedès
Cuando en Gramona empezamos a trabajar en biodinámica, hace ya unos años, uno de los retos que se nos planteó era la integración del reino animal. Para trabajar en este sentido, quisimos que los animales que teníamos en la propiedad tuvieran un papel activo, como lo tenemos los humanos, sin caer en el utilitarismo. Las vacas de la Albera que acogimos, nos proporcionaron enseguida la materia prima para elaborar preparados biodinámicos y, pronto, empezamos a labrar con caballos una práctica que ya es cotidiana en nuestro pequeño universo.
Al llegar nuestras ovejas de raza ripollesa aprendieron a desbrozar la hierba entre las hileras, resistiendo la tentación de las hojas tiernas de las cepas y, actualmente, la manada pasa los días recorriendo las diferentes viñas de nuestros parajes. Las colmenas de abejas han ido ocupando diferentes ubicaciones en nuestras viñas y nos ayudan a polinizar la vegetación secundaria en toda la propiedad.
Poco a poco, el ecosistema que compartimos con los animales y las plantas de nuestro paisaje se va enriqueciendo y consolidando.
El pastoreo de las gallinas

Con la ayuda de Carles de Cal Nadal, en Sant Quintí de Mediona, hemos encontrado la manera de ofrecer a las gallinas, que tenemos desde hace años, una vida más plena. Juntos estuvimos trabajando en el diseño y la construcción de un gallinero móvil, que tenía que cumplir varios requisitos: ser lo bastante ligero para que un caballo lo pudiera arrastrar, bastante grande para que dos docenas de gallinas vivieran confortablemente en él, bastante estrecho para que pasara entre las filas y con una base adecuada para permitir que la gallinaza llegara al suelo directamente. Y hemos encontrado la manera de que todo sea posible.
Nuestro gallinero móvil tiene la base de rejilla de alambre, de este modo las heces de las aves caen al suelo, también cuando están dentro del gallinero. Cada mañana, el corral se mueve unos metros y abrimos la puerta. Los animales salen y corretean por la viña, rascando el suelo para desenterrar gusanos y otros insectos y comiendo la hierba que crece: entran y salen del gallinero libremente. Por la noche, han aprendido a entrar para dormir y, antes del ocaso, les cerramos la puerta, para protegerlas de los zorros y otros pequeños mamíferos que pueden robar los huevos y asustar a las gallinas.

Sinergias
La adición de nitrógeno fácilmente asimilable a la tierra, que aportan las defecaciones de las gallinas, es uno de los efectos secundarios beneficiosos que supone tener este gallinero itinerante en la finca, pero no solo buscábamos esto. El objetivo principal del trabajo de investigación, diseño y construcción del gallinero que hemos llevado a cabo, siempre ha sido sintonizar las energías de la finca en una única frecuencia. De hecho, todo nuestro trabajo se enfoca hacia el mismo punto para, de este modo, conseguir que los vinos sean capaces de transmitir esta energía. Y lo conseguimos: tenemos unos suelos cada día más vivos, que producen unos mostos más ricos y equilibrados, que nos permiten minimizar la intervención en bodega.
Nuestras gallinas son de la raza ancestral del Penedès, no se sabe con certeza cuántos siglos hace que forma parte del paisaje que compartimos, y se ha adaptado muy bien en la nueva vida dinámica. Su plumaje negro cada día está más reluciente y han incrementado la puesta de sus huevos rojizos. Se dice que los huevos puestos en gallineros móviles son más ricos en vitaminas y minerales y hasta un 25% más pobres en grasas saturadas.
Estamos cerrando el círculo biodinámico: el suelo proporciona alimento a las gallinas, una vez digerido, ellas devuelven nutrientes para las cepas, que producen la uva con que elaboramos nuestros vinos espumosos.









